HACE 10 AÑOS, cuando vivía en Francia, Lucas Silva decidió sacarse una espinita que llevaba clavada desde hacía mucho tiempo, y empezó a rastrear las raíces de la música de Palenque de San Basilio. Fundó luego Palenque Records, un sello que ya tiene un catálogo de 11 discos de música afrocolombiana, y su trabajo ha trascendido las fronteras colombianas.
Por ejemplo, el disco Colombiafrica, the mystic orchestra, voodoo love inna champeta land, producido en Londres, fue calificado en Europa como uno de los mejores de 2007, y la revista semanal francesa Le Monde 2 le dedicó a la champeta de dos palenqueros, Luis Towers y Justo Valdez, un artículo de cuatro páginas según el cual ese ritmo le da una nueva significación a la música del Caribe.
Investigadores y productores musicales se preguntan por qué en la historia de la música colombiana no aparecen referencias concretas a los ritmos palenqueros, representados sobre todo en sextetos, que podrían explicar un fenómeno como la champeta. La respuesta podría estar en que algunos ritmos palenqueros se parecen mucho al son cubano que, en 1906, trajo en sus maletas un grupo de trabajadores de la isla que llegó a sembrar caña en la zona del Canal del Dique y que terminaron asentados en Palenque, de donde provenía la mayor parte de los cultivadores. "Al Dique llegaron los sextetos habaneros y por eso tiende a pensarse que ellos son la primera influencia, pero el son cubano está inspirado en el changüí, de claro origen africano -dice Silva-. Creo, más bien, que habría que buscar la raíz en el instrumento principal del son: la marímbula". Así las cosas, resulta insuficiente el argumento de la imitación para justificar la ausencia de referencias precisas a la música de Palenque en la historia de la música colombiana. "Para comprenderlo todo hay que venir al Palenque de San Basilio -dice Towers-. Es un pedacito de África en Colombia".
Tambores y rituales
San Basilio -declarado por la Unesco como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad- es rico en tradiciones orales, rituales, música y danza. Los tambores retumban no sólo para la alegría y la fiesta, sino también para exorcizar el dolor. Por ejemplo, el lumbalú es un ritual fúnebre de origen africano, que combina elementos recitativos, canto y golpes rítmicos especiales, durante el cual las mujeres bailan alrededor de la persona muerta y hacen invocaciones con los brazos.
Comienza con el pregón que hace uno de los ancianos del cabildo mediante un toque especial del llamado "tambor pechiche" para convocar a la comunidad al velorio. Ya reunida la gente, empieza el lamento en el que alternan un solista y el coro, acompañados por las palmas de la gente y toques del tambor yamaró. La evocación del muerto se hace rememorando los orígenes africanos de la comunidad -en particular de Angola, de donde llegaron muchos de los primeros cimarrones-. "Chimilango, chimilangocho María Langó ri angola/ guán cún cún me ñamo llo/ guán cún cún me re ñamar..." , dice uno de esos cantos-lamentos.
El bullerengue, otra herencia de África, fue reinventado en la costa Caribe. Es un ritmo alegre y lleno de energía vital, propio del ritual de iniciación de las jóvenes cuando llegan a la pubertad: los hombres tocan los tambores yamaró, quitambre y bombo y, en casos especiales, el pechiche, y cantan con las mujeres que baten palmas. Se establece un diálogo entre la primera voz y un coro y se recurre al uso continuo del 'laleo'. Un ejemplo de bullerengue es el siguiente: "¿Con qué se peina la Luna?/Josefa Matía... Josefa Matía.../Con el peine y la peineta/Josefa Matía... Josefa Matía/ Me dijo que no sabía/Josefa Matía... Josefa Matía...".
También es representativa de San Basilio la champeta, que nació en las barriadas de Cartagena, un ritmo que cuenta pequeñas historias de personas comunes y los palenqueros la llaman la terapia criolla. "La gente necesita, al menos por un rato, salir de sus desgracias -sostiene Towers-. No hacen más que trabajar por salarios miserables y es paradójico pero cantando sus problemas exorcizan sus tristezas".
Los palenqueros cuentan su historia a golpes de tambor y los mejores tamboreros han salido de San Basilio, como Sixto Salgado (q.e.p.d.), que dejó inmortalizados su toques en Batata y quien recibió un homenaje póstumo en Europa. También Simón Mejía, del grupo bogotano Bomba Estéreo, que, gracias a una beca de 10.000 euros de la Fundación Príncipe Claus de Holanda, montó con Santiago Posada un estudio de grabación en Chopacho, un barrio Palenque. "La idea es que aprendan a profesionalizar los sonidos, pero también queremos hacer talleres con expertos porque de nada sirve que la gente venga y se lleve el saber de los palenqueros, es fundamental que dejen algo", dice Mejía. Después de dos meses de intensa capacitación, los palenqueros Edwin Valdez, Guillermo Valencia y Sebastián Salgado, quedaron a cargo del taller.
La música de San Basilio la interpretan sextetos como Tabalá, dirigido por Rafael Cassiani, que ha hecho giras por el Viejo Continente pero que apenas es conocido en el país, y grupos de cantadoras como Las Alegres Ambulancias y Gualajo, que hace poco se presentaron en el teatro Colsubsidio de Bogotá.
No obstante su riqueza, la música y los ritmos palenqueros son poco conocidos, poco difundidos. "Nos daba pena hablar porque se burlaban del dejo de nuestra voz -dice Towers-. Solo hasta que fuimos conscientes de que éramos así y de que ese era nuestro valor, pudimos salir del silencio". El proceso para salir de la marginalidad tomó tiempo.
El proyecto del estudio se puede conocer a través de la página web en la que se encuentran los sonidos y las imágenes de San Basilio.